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miércoles, 28 de abril de 2010

Cielos Negros

Bajo las intermitentes farolas de aquella barriada de los suburbios, la mujer caminaba resuelta, con la cabeza erguida, como si las decenas de pequeños ojos que la observaban en cada esquina no enturbiaran su calma en absoluto.

Sus tacones resonaban en el asfalto, haciendo eco en las aparentemente desiertas calles de los suburbios. El pelo rubio dorado que caía como una cascada por su espalda ondeaba como un velo de oro en torno a sus hombros, otorgándole un aura divina que los niños de la calle no podían dejar de mirar. Y ella se daba cuenta.

Se paró al llegar al centro de una plaza de aspecto descuidado, frente a unas destartaladas instalaciones que en su día parecían haber sido bibliotecas y aulas propiedad del ayuntamiento. Ahora, con puertas carcomidas y ventanas rotas, huebiese parecido abandonado de no ser por el cartel pintado con témperas que, colgado de un clavo oxidado en la parte central del arco de entrada, rezaba con letra infantil: "La Comunidad".

Subió los cascados escalones se un salto y abrió los portones de golpe. Ignorando las miradas del grupo de niños que se congregaban en el interior del edificio, avanzó por los anchos pasillos hasta llegar a unas escaleras medio escondidas al otro lado del pabellón.

Buscaba algo en concreto. Algo que le había sido arrebatado y que estaba dispuesta a recuperar.

Llegó al final de los escalones en menos de un minuto, donde otro enorme pasillo se extendía en ambas direcciones. Dos chiquillos la esperaban cruzados de brazos en el rellano, la chica, pelirroja, vestida con ropa vieja y gastada, y cuya expresión reconoció al instante.

- ¿Que buscas?.- Preguntó secamente la niña mientras se quitaba el pelo de la cara.
- Viene a llevarse a Aurea.- Respondió el otro por ella.
- ¿Quien es?.- Su comportamiento seguía siendo brusco, pero aquella vez, Alba se dirigió directamente a su compañero.
- Su madre.

sábado, 17 de octubre de 2009

Cielos Negros

El nuevo jardín del Edén

- No, no es cierto.
- ¿A quien vas a creer?.- La niña de 9 años se había cruzado de brazos indignada.- Siempre has sabido que te ocultó algo. Además.- Añadió con gesto orgulloso.- Soy tu mejor amiga.
Alba suspiró. Aquella pequeña cromática se había juntado a su grupo hacía unas semanas, cuando uno de los rateros la había sorprendido tratando de robar comida en la casa común. Desde entonces no se separaba de ella.

- Eres una cría. Ni siquiera sabes lo que significa.- Sabía que estaba diciendo una gran mentira.
- Bah!.- Decididamente, aquel comentario la había molestado.- Dí lo que quieras. Pero si yo te digo que tienes color de quimera es por que lo eres y punto.
Puso los ojos en blanco, tratando de restar importancia a la informacion que le daba Aurea.

Aurea. La habían llamado así por su increíble capacidad ara leer y distinguir los tipos de aura de la gente, así como sus colores. Y solo tenía nueve años.
- Está bien, tu ganas. Pero eso no significa nada.
- ¿Como que no? Vamos, vete a preguntarle. Seguro que tienes miedo. y por eso no le dices nada.
Frunció el ceño, mordiendose el labio inferior. ¿Por que le admitía semejantes estupideces a aquella niñata?
- Tal vez porque sabes que tiene razón.

Se giró, a punto de gritar una palabrota, pero solo logró rechinar los dientes en disgusto ante el nuevo integrante de la conversación.
- Genial.- Masculló de mala gana.
- No te conviene un oyente, ¿Verdad?.- La risa del joven resonó en sus oídos.
-¿Que haces aquí?.- Preguntó mordaz, recordando mentalmente a la chiquilla de pelo rizado tras la que le había visto aquellos últimos días.-¿Acaso te han dado calabazas?
- Bingo!.- La vocecilla de Aurea se dejó oír desde el sillón.
- Tú cállate.
- Tu aura se ha puesto verde. Eva tiene razón.
- No me llames Eva.- Gruñó la aludida.

- Es una quimera.- Explico la niña con brevedad.- Puedo verlo a su alrededor.
- Ya...- El muchacho se rascó la barbilla pensativo.- Eso explica porque Sheeva no quiso decirte todo lo que podía leer en ti, ¿Verdad?
- No.Soy.Una.Quimera.- Replicó remarcando cada una de las palabras.- Iros a las mierda si os vais a poner de acuerdo los dos.
Refunfuñando y pegando una patada tontamente a la pared, salió del pequeño cuarto dando un portazo.

- Leek, ¿Crees que irá a ver a Sheeva?
- La llamó hace unos días. Quería contarselo todo.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Cielos negros

La leve luz del atardecer lluvioso se colaba por la ventana, iluminando pobremente la pequeña sala en la que se habían reunido.
No era nada especial, ni muy caro, simplemente un estrecho reservado dentro de unas grandes oficinas. En aquel piso debía de haber por lo menos unos trece cuartos parecidos.

En las paredes, retratos de los mentalistas mas famosos observaban a la peculiar pareja sin descanso, y en el escritorio de madera de cerezo, una serie de fotografías mas actuales mezcladas con titulaciones adornaban pulcramente los laterales.

-No me odies.- El comentario resonó por toda la habitación.- Pero te he mentido.
La muchacha de aspecto desgarbado enarcó una ceja interrogante. Frente a ella, un joven trajeado y de buen ver titubeaba, incapaz de mirarla directamente a los ojos.
-¿Vas a seguir ahí mirando el suelo como un idiota o me lo vas a contar de una puta vez?- Parecía irritada, apoyando la espalda en la pared y descansando todo su peso en una sola pierna. La otra, la movía rítmicamente en señal de urgencia.
-Lo siento…
-Joder Sheeva, que no tengo todo el día.- Estaba a punto de romper a llorar, pero a ella le daba igual.

El chico se pasó la mano por el pelo engominado en un gesto ansioso, casi sin atreverse a levantar la cabeza para ver a la chiquilla de 15 años que le instaba amenazadora desde el dintel de la puerta de su despacho.
Suspiró.
-¿Recuerdas aquel día, cuando te trajeron a la agencia?.- De reojo podía ver como se arreglaba la chupa, incómoda.- El mismo día que nos conocimos. Nos llevaron a la sala de lectura.
-Lo recuerdo.
-Yo había llegado también aquella semana, acababan de descubrir mi don, y aun me costaba dominar la intensidad de las visiones
-He dicho que lo recuerdo.- Le interrumpió cortante.
Se removió inquieto. Era realmente difícil decirle aquello, mas aun ante la actitud agresiva que había adoptado desde que la llamó la mañana anterior.

-Ya…Déjame contártelo, ¿Quieres?
Ella hizo una mueca hastiada, poniendo los ojos en blanco, pero le indicó con un gesto que continuase.
-La visión que tuve no ocurrió exactamente como te dije que era. Yo era nuevo en esto, y tu no tenías mas de doce años, me parecía demasiado cruel en aquel momento cargarte con un destino tan negro.- Se detuvo un momento y echó mano al botellín de agua que descansaba a la derecha de su archivador.- Aún me lo parece. ¿Por qué no te sientas?
-Estoy mejor de pie.
Se acariciaba el mentón desesperado. Era imposible intentar crear un ambiente agradable cuando se ponía así, no digamos ya si le daba por utilizar su poder. Por suerte, parecía no considerar aquel momento como el adecuado para exhibir su talento.

-Esta bien. La verdad es que las imágenes que vi en tu aura no eran nada confusas. Vi el comienzo y el final, vi desgracias y vi muertes. Pero esto ya te lo dije.
-Entonces, ¿Por qué me lo repites?.- Bostezó sonoramente sin molestarse en taparse la boca.
-Cuando te trajeron, nos avisaron a todos de que tratar de leerte podría ser peligroso. Que los cromáticos habían detectado una gama extraña a tu alrededor, un color que les costaba identificar pero que clasificaban entre las quimeras. Por eso, cuando me eligieron a mi para establecer contacto con tu esencia no quise revelar lo que descubrí.
La joven ladeó la cabeza bruscamente, y un mechón de pelo caoba cayó rebelde sobre su nariz.
-Y…
-Tu nombre, Alba. Quien eres en realidad, para la humanidad. Tu destino en una palabra. Tu nombre...- Hizo una pausa eterna, mientras su mano buscaba de nuevo la botella de agua mineral y daba un largo trago para recuperar el aliento y las fuerzas.- Es Eva.- Enterró el rostro entre las manos con ansiedad, tratando de escapar de algo demasiado grande para el.
-Ya lo sabía.- Respondió sonriendo, y arreglándose de nuevo la chaqueta de cuero, se dio la vuelta, abrió la puerta del despacho y se marcho por donde había llegado.