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martes, 9 de julio de 2013

Empresa familiar

Eve es la bruja del Bosque Esquivo.
Está intentando tomar el relevo de su abuela Hermenegilda, fallecida hace cosa de un año por atragantamiento con un hueso de rana durante su jornada laboral, lo que dejó el bosque sin bruja y a los aldeanos, confusos, sin saber dónde acudir en los días en que tocaba hoguera y turba furiosa.

Ahora Eve pretende iniciarse en el negocio familiar, aunque por desgracia, aun hace falta tiempo y práctica para que sus hechizos surtan el efecto deseado.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Cartas al Horizonte

Hermana, temo que esta sea la última carta que te escriba.
No te asustes, estaré bien, no ha ocurrido nada grave. El General ha prohibido a los mensajeros salir del campamento Radhërn debido al aumento de los ataques de los bárbaros en los alrededores de los Lagos Etéreos.

No estamos seguros de a qué se debe esta actividad inusual, pero parece bastante plausible que los Tjarlhems estén intentando capturar vivos a nuestros soldados para obligarles a desvelar la posición de las tiendas de los comandantes. Todo aquel que haya vivido una guerra sabe que un ejército sin líder es como un hormiguero sin reina.

La pequeña Deirdre sigue al cuidado de Zoe, que no la pierde de vista un solo segundo. Ha aprendido a hablar un poco nuestro idioma y ya sabe expresarse como cualquier otro niño de su edad, así que resulta mucho más fácil comunicarse con ella. Nos ha contado cómo llegó al campamento, siguiendo a Storgk desde su aldea natal. Parece ser que los Tjarlhems están divididos en varias tribus, y solo dos de ellas son las que luchan contra nosotros. A la familia de Deirdre la asesinaron por no prestar ayuda en las batallas.

Ahora, gracias a las pequeñas cosas que nos ha ido enseñando la pequeña y a la información que nos facilita sobre los diferentes clanes Tjarlhem, parece que la lucha comienza a decidirse en nuestro favor. Cada vez somos menos las Ièries necesitadas en los campos de batalla, porque los guerreros bárbaros evitan el enfrentamiento directo, y estamos más dedicadas a la protección mágica del perímetro o, aquellas con la habilidad, de curar a los heridos que vuelven de las misiones.

Althea acaba de entrar en nuestra tienda. Lleva a Storgk con ella, cada día está más grande. Espero que pronto deje de crecer, o tendremos que salir nosotras para que pueda dormir guarecido. Ya casi mide lo mismo que yo.
Les he mandado a las demás tus saludos. Están todas deseando verte, y poder contemplar lo mayor que te has hecho en nuestra ausencia. Yo les he contado como cuidas de Madre mientras no estoy, y que te ocupas de mis responsabilidades en el templo. Estamos todas muy orgullosas de ti, Ianthe.

Desde hace unos días no tengo nada que hacer, así que me estoy tomando mi tiempo para escribirte por última vez. El General ha dado tanto tiempo de tregua para enviar paquetes como yo necesite para terminar. Así que de vez en cuando, mientras salgo a por más tinta o a cambiar la pluma de cuervo con que escribo, soldados de todo el campamento vienen a asegurarse de que aún me quedan cosas por contarte. Resulta un poco irónico, ¿no crees?

Aparte de esto, lo único en lo que puedo ocupar el tiempo es reforzando la barrera de niebla que nos envuelve, ya que es mi elemento esencial. Tengo suerte de que los valles de Thyal parezcan estar siempre hundidos en la bruma, y mi magia es mucho más efectiva que la de cualquiera de las demás Ièries.
Como ya no podemos salir, mis excursiones en busca de rarezas que poder llevaros a Madre y a ti han finalizado sin que encontrara nada lo suficientemente peculiar para que llamase mi atención.

Hace dos noches me escabullí de la tienda con Althea y Storgk, y nos fuimos a dar un paseo por las orillas de los lagos. Sé que fue peligroso, y que podía habernos caído una buena reprimenda de habernos visto algún soldado. Pero no te imaginas la belleza de las aguas cuando las estrellas no salen para iluminar el cielo. Solo con la luz de la luna, los peces nacarados que nadan en las profundidades de los Lagos Etéreos lanzan destellos que los hacen parecer de plata.
Pensé en llevarte uno hace mucho tiempo, pero no he encontrado ninguna pecera para poder atraparlos.

Cuando la pequeña Tjarlhem supo que quería llevarte algo, me llevó a la zona más apartada del campamento, cerca de las laderas de las montañas. Allí, en unas cuevas tan oscuras como los ojos del Ávyssos, viven unos minúsculos seres que tejen sueños con los hilos del ocaso. No estoy segura de cómo lo consiguió, pero tengo guardado en mi arca un vestido precioso de tintes iridiscentes. Lo hicieron para ti, porque ella se lo pidió.

Estoy deseando que acabe esta guerra para poder entregártelo con mis propias manos, hermana, porque sé que te encantará cuando lo veas. Estoy segura de que una vez te lo pongas, te quedará como una segunda piel.

Espero volver pronto.

jueves, 1 de marzo de 2012

Cartas al Horizonte

No sabes cuanto me alegro de recibir noticias tuyas, Ianthe. No pensé que mi carta fuera a llegar a su destino. Incluso aún cuando mantenía las esperanzas de que el mensajero hubiese sido capaz de entregártela, no esperaba recibir tu respuesta hasta pasada la primavera. El soldado ha hecho bien su trabajo.

Siento que Madre esté tan preocupada por mí. Quédate junto a ella, y dile que todo saldrá bien, que no me pasará nada. Dile que el General piensa que todo habrá acabado antes del próximo invierno, y que le llevaré especias, tintes y telas exóticas para sus vestidos. Dile que no me extrañe. Que todo volverá a ser como antes.

Cuéntale historias de faunos y ninfas, como las que nos narraba por las noches cuando éramos niñas; con finales felices y sueños cumplidos, para que no se preocupe por el final de la guerra que libramos aquí en el norte. No te alarmes tú tampoco. A pesar de que los bárbaros siguen con sus estrategias fulminantes, y nuestras pérdidas se cuentan por los cientos, nuestro último ataque hace poco más de dos semanas los ha mantenido en letargo hasta hoy, y el General calcula que tardarán en recuperarse del golpe aún algo más de tiempo.

Los animales por aquí ya no se ven tanto como antes, debe de ser por las continuas batallas que se libran en la zona. Y sin embargo de vez en cuando, tras largos períodos de paz, incluso los predadores vuelven a aventurarse por los campamentos. Cierto es que aparecen en pequeños grupos, como los greenwolds, a los que parece gustar el agua de manantial que brota de los Lagos Etéreos, y que son fáciles de ahuyentar con una antorcha o una simple esfera de luz, pero sigue siendo peligroso cuando algún cadete sale solo o se queda rezagado lejos de las hogueras.

Oh! ¿Recuerdas que te hablé de Storgk? Aquel animalillo de pelaje suave y grisáceo que Althea adoptó el invierno pasado. Ha crecido un montón. Cuando lo recogí no era más que un pequeño bulto con forma de lobato y patas demasiado grandes para su tamaño. Ahora le han crecido las orejas, su pelo es más brillante y azul, casi celeste, y me llega casi a la altura de las rodillas. También come muchísimo. Como las provisiones son escasas aquí, las Ièries hemos tenido que fraccionar nuestras raciones para poder alimentarle, sobre todo cuando el tiempo era más crudo y la caza se reducía casi a la nada por los alrededores.

Hace tres noches, Storgk volvió de su paseo nocturno con un regalo para nosotras. Se le veía contento, y muy cariñoso, y creíamos que habría encontrado una hembra de su especie hasta que el animal se acercó lo suficiente a las tiendas para que pudiésemos distinguir a una niña sentada en su lomo. No tendría más de cinco años, tenía la piel muy morena y los cabellos cobrizos con brillos dorados trenzados hasta las caderas.

Al principio no sabíamos que hacer. Tú entenderías la situación, es una niña Tjarlhem que apareció en el campamento Rhadërn montada en uno de los animales que acostumbraban a merodear por aquí. Los soldados temían que se hubiera escapado, y su aparición en nuestra base supusiera un ataque de los bárbaros antes de lo esperado. Teniendo en cuenta que nuestras tropas tampoco se habían recuperado del todo, el resultado podría haber sido desastroso.

Al final, después de unos días intentando comprender el idioma de la niña, se hizo patente que los Tjarlhems no nos atacarían para recuperarla. Aún hoy la mantenemos en el campamento, a salvo de los peligros que envuelven los valles de Thyal. Zoe, la más pequeña del grupo, ha sido la encargada de cuidar de la pequeña. Hemos aprendido mucho gracias a ella, y parece que hemos conseguido enseñarle algunas cosas básicas de nuestra lengua.

Las tardes más calurosas, mientras merendábamos al aire libre, descubrimos que Storgk y la chiquilla se habían cogido tanto cariño que era casi imposible separarlos. Juraría que Althea estaba celosa del triunfo de su mascota, pero cuando los dos corrieron a abrazarla en medio del prado no pudo disimular la ilusión. La verdad es que la Tjarlhem no confiaba en nosotros. Las Iéries parecíamos asustarle menos que los soldados, pero aun así nos costó muchísimo que dejara de esconderse cuando nos acercábamos.

Ayer por fin conseguimos que nos dijera su nombre. Se tocaba el pecho con su minúsculo puño cerrado, y repetía “Deirdre” una y otra vez. No sabíamos lo que quería hasta que repitió lo mismo con Zoe y con Irene. También nos enseñó el nombre que le daban a la raza de Storgk, algo así como Gwningen. Ahora me resultará más fácil llevarte uno cuando vuelva.

martes, 21 de febrero de 2012

Cartas al Horizonte

Ante todo, siento la cera tan tosca que he utilizado para sellar el pergamino. En este momento no tengo absolutamente nada más apropiado a mano, ya sabes como son los campamentos militares de Radhërn, y necesitaba grabar el sello para que supieras con certeza que soy yo quien escribe la carta.

Últimamente, apenas nos atrevemos a enviar mensajeros con información táctica a los pequeños batallones que rodean los Lagos Etéreos, pues una manada de greenwolds merodea por la zona atacando a los emisarios del General. Eso ha hecho mucho más difícil conseguir hacerte llegar la misiva. Incluso ahora, sentada frente al soldado que se encargará de llevarla y custodiarla con su vida para poder entregártela intacta, siento que tengo pocas probabilidades de que llegues a leer estas palabras.

La verdad es que hemos perdido infinidad de exploradores en estas tierras baldías. Unos, muertos por la fiebre, delirando durante días antes de cerrar los ojos al mundo; otros, devorados por las bestias, y los más afortunados, aunque cueste creerlo, fueron aquellos asesinados por nuestros enemigos en los campos de batalla o las incursiones al campamento.

Aquí, en el norte, todo parece blanco. La temperatura es baja y húmeda, y hace tanto frío que por las noches hemos de taparnos con varias pieles de klishveen para poder mantenernos vivos. Por suerte, el Korvus nos advirtió de las penurias que tendríamos que pasar, y nos trajimos decenas de carretas con mantas y ropa de abrigo. Con eso y lo que hemos podido conseguir cazando a los animales de la región, hemos logrado que muchos de los enfermos se recuperen.
Para otros, sin embargo, era ya demasiado tarde.

Las medicinas escasean. La nieve y el hielo impiden crecer la mayoría de las plantas necesarias para elaborar los remedios más básicos, y las pociones que trajimos con nosotros están racionadas hasta la última gota. Espero que las provisiones lleguen pronto, o más de la mitad de nuestra gente no llegará con vida a la próxima cruzada.

Creo que ese es el objetivo de los Tjarlhems. Esperar a que muramos de frío, de hambre o devorados por los incontables monstruos que pueblan este suelo maldito. Entonces, cuando apenas queden decenas de hombres agonizantes tratando de sobrevivir, se abalanzarán sobre nosotros como los perros sanguinarios que son.
Pero se equivocan si piensan que vamos a esperar a que den el primer paso.

Sabes que no puedo contarte las estrategias que sigue el General, por si esta carta cayera en malas manos, pero puedo prometerte que ganaremos esta guerra. Sus hechiceros no tendrán nada que hacer contra los devastadores conjuros de nuestros magos, ni contra la bruma que se desatará contra ellos durante 20 días y 20 noches en las que su visión quedará reducida a la nada.

Pero no quiero aburrirte con maniobras militares.
Mejor te cuento como son los valles nevados de Tyahl, cuando amanecen bañados por el rocío de las mañanas, o por la noche cuando las Damiselas florecen a lo largo de los caminos. Claro que también hay fauna nocturna, pero, al contrario de lo que esperábamos, la mayoría resulta inofensiva.
Anoche encontré un pequeño animal, peludo y de color gris azulado, con ojos verdes y unas garras enormes. Lo único que hacía era acercarse a que lo acariciáramos, así que Althea lo bautizó como Storgk. Prometo que descubriré como se llaman y te llevaré uno cuando vuelva a casa.

La verdad es que parece increíble que lugares tan bonitos estén habitados por bárbaros sin compasión. En cualquier otro momento estos valles me habrían parecido un paraíso, y en realidad no son más que un enorme cementerio que ansía llenarse con los cuerpos inertes de los caídos en esta guerra de razas.

Estos últimos días de invierno me he acordado mucho de ti, Ianthe. Sé que fue un duro golpe para ti que Madre no te permitiera venir al Dhokem, pero has de comprender que aún eres muy joven para acompañar a nuestro ejército en una empresa tan arriesgada. Antes de unirme a la expedición, ni siquiera yo había cruzado nunca la gran frontera de fuego. Fue una experiencia completamente nueva para mi, y he de reconocer que bastante desagradable.

Espero que no me guardes rencor por no haberte esperado, e incumplir la promesa que hicimos de niñas. Has de saber que fue una decisión dura, que deseé con todas mis fuerzas que pudieras venir conmigo o, al menos, que esas bestias hubiesen tardado más tiempo en atacar. Pero no fue posible. De modo que volveré. Y esta es una promesa que si pretendo cumplir.

martes, 12 de julio de 2011

Estigia

Cuentan las Moiras que una noche, el hilo se quebró.
Esa noche, la Laguna se mantuvo en calma; las oscuras aguas quietas y tranquilas, y la torre de piedra que se erguía en su centro, imperturbable, abrió por fin sus sagradas puertas al mundo de los mortales.
Cuentan las Moiras que aquella noche, los titanes se revolvieron en su prisión.
Que los cielos estaban templados, y el Monte Olimpo dormía, y mientras las almas en vela se acercaban flotando a las negras orillas.
Cuentan que el creciente susurro de las ánimas se elevó sobre la Laguna como la niebla, rodeando los muros de la altísima atalaya y ascendiendo en espiral hasta llegar al mismo firmamento.
Que un trueno retumbó en el aire, y por un instante se paró el tiempo, y Morfeo en su desvelo supo que no era pesadilla alguna.
Cuentan las Moiras que en ese momento, los Dioses despertaron de su letargo.
Y que fue entonces, en ese instante, cuando una nueva Era comenzó.

domingo, 29 de mayo de 2011

Mirada inocente

¿Puedo quedarme con sus juguetes?
Abel bajó la vista para observar al niño de cuatro años que le miraba fijamente desde el suelo.
Ya te he dicho que no; respondió arrugando la nariz; tú ya tienes los tuyos.
Entonces, ¿Puedo tener unos iguales?
El muchacho enarcó una ceja y se volvió hacia donde señalaba el chiquillo. La gran planicie de madera que se erigía en la plaza del pueblo estaba desierta a excepción del verdugo, que afilaba sus herramientas en un rincón.
Caín, eso no son juguetes; Reprendió disgustado.
¿De verdad? Hizo un mohín; Pero él parece divertirse tanto…

viernes, 30 de octubre de 2009

Pumpkins Revenge

Oh, gran oportunidad; inmensa alegría me causó aquel niño cuando entre risas y bromas me colocó en su cabeza a modo de máscara.
Me sacó a la calle cual trofeo, mostrándome a quien su humor, en aquella noche de celebración y ceremonia, invitara a hacer mofa o reconocimiento de la macabra expresión plasmada en mi cubierta.

Las carcajadas retumbaban en mi interior hueco cual puñal arrancándome las vísceras, al tiempo que mi montura se paseaba portentosa frente a las entradas decoradas con mis propios hermanos, sin reparar un momento en los adornos durante su loca carrera a la caza de caramelos.

No, no quedaría así, y la ira me inundaba por segundos, llenando cada fibra de mi cuerpo mutilado de una fuerza extraña y perturbadora que también pareció advertir el infante que me portaba.
A nuestro alrededor mi furia no paso desapercibida, y tuvo a bien además de despertar a mis congéneres de su inalterable letargo, la mayoría tan cubierto de cicatrices como lo estaba yo.

El muchacho aparentaba creer truco de los bufones del vecindario lo que para mi estirpe prometía ser una cruel y bien merecida venganza.

Oh, dulce melodía; repicando como campanas de la mas sublime catedral dispuestas en plena calle principal, risas tornándose alaridos infundidos de pavor a la vista esplendorosa de un ejército anaranjado cuyos dientes de pulpa y fibra desgajaban con iracunda sed de sangre los miembros de quien se interponía en su camino.

Oh, hermosa imagen; cuando percatándose mi pequeña montura de lo que en realidad ocurría ante sus ojos, ante los míos, quiso por miedo salir huyendo del espectáculo. Quiso, pero no pudo.

Oh, gran victoria; que una simple calabaza, utilizada cual simple juguete para crear una imagen grotesca con que presumir en esta noche de Halloween, haya logrado a partir de una semilla de odio tomar el control de tanta desgracia.

Trataba el niño inútilmente de librarse de mí, ahora mucho mas fuerte que el día en que fui cosechada, observando con un terror casi histérico a mis hermanos alimentándose de los suyos. Los ríos escarlata recorriendo salvajes la carretera, tiñendo aceras, fachadas y nuestras propias carnes, mientras cientos de amputadas criaturas masticaban a los tiernos infantes que les habían procurado aquel rostro grotesco.

Oh, cuan grato; sin darme apenas cuenta presionaba con anhelo la testa de mi portador, cual nuez a punto de ser destrozada por las garras de metal de algún utensilio humano; sentir como lentamente el cráneo iba cediendo en mi interior, derramando el cálido líquido que les daba la vida a aquellos monstruos.

Oh, sencillamente exquisito; poder saborear en aquel hueco con que ellos mismos me habían obsequiado la roja sangre que latía pausadamente en las venas desgarradas del desdichado.

Poco ya le queda de vida, desplomado en el suelo empedrado de la avenida. Un mínimo o ningún esfuerzo para deshacerme del pesado fardo, ahora inútil. Aún con su sabor en mis fibras, tratando de dejar atrás lo que una vez me dio soporte para alzar a los míos en su contra.

No! No puede ser. Mis raíces no me sostienen, me desgajo, voy perdiendo el elixir dulzón y espeso que recubre mi corteza de principio a fin. No! Aquel cuchillo; lo siento ahora cual sentí en aquel instante, arrancándome la vida con mi carne, desgarrándome en mil piezas que no podré recuperar.

Oh, perverso! Infausto pesar; aciago el momento en que decidiste ocultar tu rostro con el mío, ¡Condenado mil veces seas!, Miserable!, Maldito por hacer en mí una falsa imagen de tu rostro, perforando mi estómago con el único fin de transformarme en una burda careta.